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butterfly.kid_tnDe repente un día amaneces diferente, piensas diferente, hablas diferente, sonríes diferente… ha pasado el tiempo. Ya no tienes siete años. Tanto esperar y el día menos pensado amanece uno con 27. Entonces, después de tantas ganas locas por “ser grande”, y no tener que mirar desde abajo a los mayores, se encuentra uno de repente con un extraño miedo a crecer, a la cercanía de las tormentas, a la inmensidad del mar… incluso al tiempo.

Dos décadas atrás se creyó invencible, dueña del mundo, de la magia, del arcoíris, de todos los sonidos del Universo… pensaba incluso que con solo mover un poco las manecillas del reloj el tiempo correría a su antojo. Después comprendió que nada de eso era cierto. Pero entonces, claro está, no lo sabía, lo sabe ahora. Con siete años tenía miedo a la oscuridad, pero no a la tormenta; temía a una ola pero no al mar… ¿Acaso habrá realmente algo intimidante cuando tenemos siete años?

Pero nada es eterno. Eso, con 27 años, lo aprendimos hace mucho, mucho, mucho tiempo… las alas de una mariposa no hacen desaparecer nuestros obstáculos, no somos dueños del mundo, ni del tiempo, tampoco podemos detener una tormenta… Antes sí, pero ahora no, ahora todo luce distinto. Ahora andas tú, por ahí, circundando. Y vuelve otra vez la misma incertidumbre ¿Crecer, crecer, crecer…? ¿Para qué sirve?

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