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¿Cómo atrapar los besos, la risa y los sueños? ¿Cómo pensar el ayer como si nunca fuera el pasado? ¿Cómo escapar de la magia o los recuerdos? ¿Cómo olvidar si no queremos? La solución no es difícil, dirán algunos: los besos, la risa y los sueños no pueden ser prisioneros; el ayer no es pasado, es “nuestra historia” y realmente, por mucho que intentemos olvidar, el día menos pensado la más insignificante señal nos trae siempre de vuelta algún recuerdo.

Cosas del destino, diría una amiga que un día de mucha tristeza se empeñó en buscar a mi alrededor las más insospechadas señales para hacerme reír a pesar de las nostalgias. Para olvidar no existen fórmulas, para recordar tampoco, por eso prefiero lo segundo… Quizá por eso también conservo un montón de papeles amarillentos que encierran flores, corazones, flechas embrujadas o sencillamente trazos poco legibles ya por tantos años.

Cada uno de ellos guarda relación con una etapa; ocultan lecciones de vida, alegrías compartidas, dulces momentos, perdones, esperanzas, promesas, anhelos y hasta sueños. Son grandes tesoros que cada vez que reencuentro destapan una que otra historia: de amigos “secretos” nunca descubiertos, de personas imprescindibles aunque algunas ya no estén tan cerca, de amigos que a través de los años lo siguen siendo, conservo incluso garabatos jamás descifrados pero que para mi pequeño hermano significaban “te quiero”… y aun cuando después de tantos años ya aprendí que la vida es mucho más que una promesa, un beso o un te quiero, también sé que se empeñe uno o no, los recuerdos sobreviven siempre a pesar de las tormentas, porque en definitiva, de recuerdos también está hecha nuestra historia.

Para qué intentar entonces atrapar los besos, la risa o los sueños si podemos ser capaces de nunca olvidar si no queremos.

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