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RiesgosCreo que algún duende travieso intentó borrarme las palabras el día que nos conocimos. Nunca me ha gustado decir mucho sobre mí, pero ese día sentí que debía decir menos… quizá un hada mágica intentaba alertarme sobre los riesgos.

 

 

Creo que ese día también hicieron desaparecer mis horas, mis luces, mis sombras, mis recuerdos… y de repente ya no hubo pasado ni futuro, solo presente, y en él estabas solo tú con tu montón de anhelos, aunque muy pocas veces hayas querido compartirlos. Y después de tanto tiempo tú conmigo, yo contigo, ambos juntos, descubro que no te hacían falta mis palabras: solo necesitabas llegar a mis ojos para entender cada duda, cada brillo, cada sueño.

Por eso ayer, cuando otra vez me devolviste mis horas, mis luces, mis sombras, mis recuerdos… y finalmente creí ser dueña de algo solo mío y no nuestro, me sentí de pronto sin rumbo, sin pies, sin sonrisas, sin sendero…

Y entonces tuve miedo a que otra vez alguien arrebatara mis horas, mis palabras, mis anhelos… porque si el tiempo se acabara en este tramo del sendero, justo en este instante pálido, débil e inconexo, volvería a correr el riesgo de permitirte descifrar cómo llegar, sin palabras, a ser dueño de cada uno de mis sueños.

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