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tintineos-ser periodistaEl día que conocí a Magdalena —mi maestra de preescolar—, comencé a decirle a todo el mundo que quería ser como ella, no solo maestra, sino, además, de preescolar. Confieso que las ansias me duraron unos cuantos años, aunque después descubrí la existencia de otras profesiones que me hicieron olvidar eso de ser maestra, aunque nunca a Magdalena.

Recuerdo que quise ser enfermera, económica, psicóloga… y hasta ¡policía! Pero debo admitirlo: jamás en mis primeros 18 años de vida había soñado con ser periodista. El día que lo decidí no pensaba en José Martí ni en Pablo de la Torriente, tampoco en Julius Fucik o Alejo Carpentier, pensaba apenas en poder escribir realidades un día en las páginas de mi adorado periódico 26 allá en Las Tunas.

Estaba tan concentrada entonces en Santiago de Cuba, la Universidad de Oriente y ese semanario que ha robado el corazón a más de uno en sus más de tres décadas de existencia, que ignoré completamente a quienes insistían en que “no malgastara así cinco años de mi vida”. Y desde entonces agradezco a no se qué el haberme permitido confiar por encima de todo en la intuición maternal y además, ser un poco testaruda para empeñarme en una profesión para la cual quizás no se esté jamás del todo preparado, pues cada día entraña un nuevo riesgo, un nuevo reto, un nuevo comienzo…

Casi cinco años después de graduada todavía no he superado el temor a la cuartilla en blanco o ese sobresalto en la boca del estómago que me asalta ante cada entrevistado… Confieso que me alegro de sentirme así, es bueno nunca perder el sobresalto, ni las dudas, ni el querer saber más, ni el ser un constante inconforme, pues cuando te confías demasiado dejas de querer superarte, dejas de darle valor a quienes te rodean y en definitiva, es sobre ellos y no sobre nosotros —los periodistas—, sobre quienes escribimos a diario.

No estoy deslumbrada ante las letras. Consciente estoy de que no es esta la mejor de las profesiones y mucho menos la más “recompensada”; no obstante, en el ir y venir de estos años, entre tantos reclamos a las fuentes, las tantas ganas de hacer a veces reprimidas, el poco espacio, las inconformidades, las frases a destiempo y los sueños inconclusos; a pesar de lo difícil y de los muchos obstáculos, de las tantas verdades aún por decir… creo que incluso así, si tuviera que regresar en el tiempo la elección sería la misma, aunque a veces enmudezca cuando alguien me pregunta qué es para mi ser periodista pues no creo que todos serían capaces de entender mi respuesta.

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