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tintineos-ausenciasMe costó mucho acostumbrarme a la posibilidad de no verte nunca más, de no encontrar migajas de pan para seguir tu rastro. Te fuiste así sin más, sin avisar siquiera, sin dejar una nota o al menos enviar una paloma mensajera hasta mi ventana… Y yo, que me quedé con tantas cosas por decir, no me conformo con que desde el otro lado a veces tan solo me lleguen tus recuerdos.

¿Por qué será que los mejores amigos casi siempre están tan lejos? Me preguntaba hace unas horas ante las letras de uno con quien desde hace mucho no compartía líneas, ni correos, ni palabras, ni recuerdos… Sí, muchos están lejos y por más que los necesitemos solo de vez en vez podemos acortar las distancias.

Es que ya nuestros días no se parecen a aquellos en que nos conocimos, han pasado los años y llegan nuevos amigos que también son especiales y quizá hasta están un poco más cerca, pero ni siquiera eso llena otras ausencias: cada amigo es una estrella única.

Y lo mejor, es su mágica forma de enviar señales y dejar huellas que permiten saber que están ahí, aunque casi no les alcance el tiempo para llamar —ni a mí tampoco—; aunque la cotidianidad y nuestras responsabilidades nos impidan escribir e-mail con más frecuencia; aunque nos separen kilómetros y kilómetros de distancias, a veces, incluso, hasta océanos.

¿Incomunicados tú y yo? Eso es imposible… Yo también estoy aquí, quiero que lo sepas.

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