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tintineos-poesía¡Qué no! ¡Qué no! ¿Cuántas veces tengo que repetirlo? No vas a convencerme: hoy no es el día de la poesía y punto. ¡No puede serlo! Hoy es un día demasiado simple, demasiado como tantos otros… Por qué el empeño entonces si ayer, cuando supiste del nacimiento de tu sobrino o creíste ver dibujados corazones en las nubes, pensaste “¡es poesía!” ¡¡¡¡¡Y ayer nadie andaba diciendo por ahí que era el día de la poesía!!!!!

¿Por qué entonces tiene que existir un día de la poesía? Es como el día del amor, el día de las madres o tantos otros días de “algo” que también se han instituido entre los hombres ¿Por qué ese empeño en inventarnos motivos para un día? Mejor buscamos motivos todos los segundos y nos regalamos cada día, cada minuto, cada instante… algún pedazo de poesía.

No es difícil ni es necesario buscar tanto. Pero sucede que generalmente uno no camina por ahí mirando a todas las esquinas, ni se fija mucho en las gotas de rocío o en las señales de humo que a veces trae el viento. No; uno generalmente camina como zombi, mirando al frente —de vez en cuando a un costado para cruzar la calle—, cuidando que no se escape el transporte para llegar al trabajo, que no te pisen en la acera o rezando para que el más mínimo trámite no necesite nunca más tantos sellos y papeles…

Y es que a veces no valen los empeños, tienes que querer, pero querer con ganas. No basta con buscar poesía hoy, ayer o tal vez mañana; no, así no basta. Como tampoco necesitas de lugares perfectos o paraísos ideales para verla… ahí a lo mejor tampoco logras encontrarla. Primero necesitas tener la vida toda, todita… llena de versos en reserva.

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