Etiquetas

, , ,

tintineos-vulnerabilidadesUno se cree muy astuto y que puede ir por ahí olvidándose del tiempo, de los gestos, la risa, los sustos, los sueños… Pero no, no siempre se puede. La cicatriz en mi tobillo derecho no me deja olvidar que un día una bicicleta roja “mordió” mi piececito; ni la marca en mi ceja izquierda el ladrillazo que hace años recibí —sin querer—, de mi mejor amiga…

Te quiero porque sí, y no necesito cicatrices ni huellas para saberlo. Creo que te quiero mucho antes de nacer, desde el día que alguien nombró por primera vez la magia, o los cuentos de hadas, o las jicoteas sin carapacho… Vaya, que te quiero desde mucho antes que en el mundo existieran los dinosaurios. Es cierto, no te rías.

Pero me gustaría ser un poco más valiente y hacértelo saber con mucha más frecuencia. Entonces algunos amaneceres no tendría que contener las tantas cosas que me dan ganas de decirte y que, por ser tristes, no las digo o las disfrazo con pétalos y colores. A veces me llegan unas ganas inmensas de levantar el teléfono y confesarte que estoy triste, que te extraño, que me duele tu ausencia, pero no puedo…. Si te lo digo a lo mejor te sientes más triste que yo, y entonces prefiero no intentarlo.

Por eso mientras nos separen tantos kilómetros elijo acudir al teléfono cuando estoy segura de que podré tragarme mis lágrimas, ignorar que estás tan lejos y fingirme alegre para ti, aunque a veces te descubra haciéndome lo mismo. ¿De dónde nos vendrá esa manía de ocultar, de no decir, de trastocar espacios para no herir, para que otros no sepan o sufran menos?

Anuncios