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tintineos-esperanzaCreo que más común no pudo amanecer aquel día: bostezos mañaneros, ausencias, reuniones de trabajo, sonrisas, disgustos, anhelos, sueños… Un día llenito de muchas cosas, pero realmente tan común como otros tantos, o al menos eso creí al principio.

Claro, que si yo hubiera tenido una bola mágica, donde pudiera verse el futuro, de seguro habría sido diferente. Así a lo mejor no habría escogido ese día, ni esa hora, ni siquiera estas palabras… pero entonces ese momento —aunque hubiera podido elegir compartirlo contigo—, creo que no habría sido tan especial, ni tan inolvidable, ni tan mágico, ni tan mío… Si me hubieras llevado tú, entonces hoy diría que fue demasiado perfecto, y la perfección, de sobra sabemos que no existe.

Letras, números y símbolos en el piso me recordaron cuan lejos estoy de muchos. Justo en ese instante me separaban de Jerusalén 11 mil 22 kilómetros; 12 mil 562 del Polo Sur; 7 mil 44 del Polo Norte; 8 mil 714 de Roma y 7 mil 729 de París, la ciudad del amor.

No creo ser capaz de calcular a cuántos kilómetros estabas de mí ese día. Tampoco me atrevería a asegurar que en ese momento pensabas en mí o en nosotros. Se me ocurre que a lo mejor hablabas de pelota —y ni siquiera de los Leñadores—, tal vez ni siquiera estabas frente al chat esperando por mí, pues tu conexión a internet estaba demasiado lenta o sencillamente porque en otra oficina reclamaron tus servicios. Se me ocurren tantas cosas, que si las dijera todas te parecerían increíbles.

Pero te aseguro que ese mediodía yo estaba cien metros más cerca del cielo y tú estabas conmigo, aunque nunca —hasta hoy—, te lo hubiera dicho. No solo fue que tu nombre y tu sonrisa revolotearan alrededor todo el tiempo, ni que me acordara de tus sueños o tus canas o tu facilidad para mortificarme y hacerme reír al mismo tiempo… no, te aseguro que no solo fue eso.

Conservo la esperanza de que el día que por primera vez estuve en el mirador del Memorial José Martí, me estuvieras mirando —aunque tú no lo supieras ni yo tampoco. Tiene que haber sido así, porque después de observar tanto infinito hacia cualquiera de los puntos cardinales, se me antoja que ese es el único lugar del Universo donde no existen imposibles.

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