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Tintineos-tempestadesDesperté con la lluvia tatuada en mis pupilas. Desde el amanecer llueve, llueve, llueve… llueve a cántaros. Es una lluvia extraña que opaca mis imágenes, me congela los huesos y corta cada aliento. Un segundo y otro y otro más… pero no hay luz, ni un rayito siquiera. Las nubes grises no los dejan llegar a mi ventana, ni a las hierbas, ni a las piedras, ni a mis ojos… creo que ni siquiera a los tuyos.

Por instantes hay un silencio de muerte, como si alguien se robara todos los sonidos y los secuestrara en otros universos. Pero eso es solo por instantes, después… otra vez la lluvia arremete contra las paredes, contra el techo de las casas, las hojas de los árboles, la avenida semidesierta… Y tú que no llegas, ni llamas, ni apareces… ¿o soy yo que me confundo y olvido que tan solo estás del otro lado?

Y el viento… ah! El viento revuelca mis libros sin permiso, tira las puertas, sacude las toallas colgando en las ventanas y me trae tus susurros. Extraño día que se empeña en no partir. Extraña tempestad que desfigura el tiempo y lo trastoca y lo consume y termina robándole las horas, los segundos…

Extraña yo, que otra vez reprimo las ganas de sentir el aguacero y me conformo con mirarlo a través de las rendijas. Ojalá alguien me robara ­-al menos por un día-, tantos miedos. ¿Los quieres? Te los presto. Di que sí, anda, di que sí. Después me los devuelves. Es que hoy quiero mojarme… y tengo miedo.

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