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tintineos-falsedadesUna mañana sí, otra quizás. Al principio no sospechas, ni siquiera hay tiempo para el asombro. Es raro, sí ¿Por qué dudar? ¿Para qué construir muros? Mejor construir puentes, al menos eso dicen. Pero a veces no funciona eso de los puentes y uno se lleva decepciones mayúsculas.

Imagino que todavía me faltan demasiadas sorpresas “de las malas” en esta vida. Y aun así, cada vez me cuesta más trabajo entender por qué ciertas personas van por el mundo proyectando una imagen que no es suya, exteriorizando sentimientos que no sienten, simulando amistad, amor, sueños compartidos, proyectos, esperanzas…

Casualmente hoy una botella al mar hablaba sobre un juego. Preguntas para dos. Respuestas sinceras. Sería bueno hacer cosas así con frecuencia. Odio las falsedades y sufro ataques de impotencia cada vez que descubro algunos falsos amigos en mi vida —aunque en el fondo siempre es bueno enterarse cómo luce realmente el corazón de quienes te rodean.

Tal vez siempre fueron iguales, solo que yo no supe verlo. A lo mejor me conmovieron las falsas sonrisas, los hologramas… Y es que a veces uno confía demasiado y se empeña en no dar importancia a las exigencias de quien cree merecerlo todo porque sí, al constante enmascaramiento de escuchar “soy mejor que tú” y no prestar mucha atención a las heridas.

Y entonces uno peca por ingenuo, por confiado, por sentimentalista… Son riesgos de construir puentes. Por suerte a través de ellos son más las personas especiales que llegan desde otras orillas. Personas que quieren pero no adulan, que permanecen cerca pero no asfixian, que dan mucho aunque a veces reciban un poco menos… Personas que saben estar sin importar cómo ni cuándo.

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