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tintineos-embarazadaDentro le crece una vida. Pequeñita, diminuta, casi casi imperceptible. Al menos para mí, para ella no, por supuesto. Dice que le succiona las entrañas, que tiene náuseas, que le revolotean mariposas todo el rato… pero que es feliz. Después de las dudas, los temores por el riesgo, las opiniones encontradas… la escucho sonreír desde el otro lado de la línea y suspiro con alivio.

Funcionó. Otra vez ella sonríe, ahora con malicia. “¿Y si lo pincho? ¿Y si llora y no sé cómo callarlo? ¿Y si…?” ¡Chica, esas cosas se intuyen!, le digo tratando calmarla. Me hago la fuerte, la más adulta, la que sabe mucho sobre esos temas… aunque a mí todavía no me haya crecido nunca una vida dentro.

Disfruto imaginar cómo será este nuevo sobrino que aún no tiene sexo, ni nombre, ni estatura promedio… El azar me hizo comenzar a quererla a ella, a su mami, pero con él no habrá imprevistos: ya lo adoro, lo adoro sin tamaño. Por eso le escribo estas líneas. Despacito, para disfrutarlas más. Con sigilo, para no espantar sus sueños; con ternura, para que un día me deje cubrirlo de besos y arrumacos.

¿Cómo será sentir que a uno le crece una vida dentro? Intento hacerme una idea, pero no puedo. Preguntas tan elementales, tan sencillas… casi siempre tienen únicas respuestas. Ahora la pienso regordeta y sonrío. ¿Así también me veré un día yo frente al espejo?

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