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LeyDespacio. Date la vuelta. Sí, pero no abras los ojos. No hagas trampa. Es que quiero sorprenderte y no sé cómo; quiero darte un abrazo y no sé cuando; quiero… quiero conversar contigo tantas cosas desde que te conocí, que muchas veces pienso que no nos alcanzarán los años.

Me reservé este obsequio para hoy. Creo que te hubiera gustado mucho mirarle a los ojos a Cecilia el día que le hablé de ti y de mí, de tus botellas… También le conté que las palabras te nacen a raudales, que eres periodista, profesora, nieta, hija, hermana… amiga.

Después solo necesitó unos segundos. Con ella siempre me han sobrado las palabras. Se puso en pie como un resorte y con una rápida mirada escogió una botella especial entre las suyas. Es una botellita pequeña, diminuta, importante… y además es tuya. Dentro puso una ramita seca, dos piedrecitas –una de río y otra de mar- y un mensaje que no quiso compartir conmigo, pues dice que solo tú decidirás si me cuentas o no su contenido.

Ella no lo sabe, pero también yo puse algo dentro. No ocupa lugar. Tampoco tiene colores, olores ni sabores. ¿Lo verás? Espero que sí. Para entonces ya podrás abrir los ojos al voltearte, pero eso no te servirá de mucho. No olvides buscar primero con el corazón. No lo digo yo. Lo dijo hace muchos años un Pequeño Príncipe.

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