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tintineos-añoranzaAmaneció enfermo. Enfermo de desesperación y delirio. Enfermo de ganas y nostalgias. Enfermo de dudas y resentimientos. Aún no sabe cómo ni por qué, pero siente que dentro se desborda de tristezas. Hilvana ideas, recuerda, sonríe, pregunta…

Otra vez las señales lo conducen tras sus propias huellas. Otra vez se descubre recorriendo el mismo sendero de hace siglos, aquel que se dibujó ante sí, por primera vez, mucho antes del silencio definitivo, sepulcral, asfixiante…

Entonces lo abruma la añoranza y le sobreviene el secreto deseo de oír las mismas palabras, de mirar los mismos ojos, de besar los mismos labios. Recuerda la magia. Invoca sentimientos. Simula luchar por lo que cree, por lo que siente… pero finalmente vuelve a desentenderse de las verdaderas razones que lo llevaron hasta allí.

Sabe que no hay vuelta atrás, que el tiempo pasa y las heridas quedan, que el peso de sus decisiones es solo suyo. Aun así insiste. Quiere saber. Quiere volver a escuchar lo que hace tanto tiempo fue música a su oído, inspiración para su prosa apurada y escasa.

No necesita mentir ¿Entonces por qué lo hace? ¿Por qué precisa llenarse de olores y perfumes que no le pertenecen, que jamás podrán hacer desaparecer la extraña sensación de soledad que lleva dentro? ¿Por qué sigue protegiendo su esencia de los ritos? ¿Por qué se empeña tanto en ocultar sus verdaderos sentimientos? ¿Por qué le teme tanto a ciertas preguntas? ¿Por qué le teme tanto a ciertas respuestas? ¿Por qué…? ¿Por qué…? ¿Por qué…?

Pero la imagen del espejo no es capaz de ofrecerle esas respuestas.

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