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Tintineos-Decisiones1¿Rojo o negro? ¿Verde o azul? ¿Mantecado o chocolate? ¿La Habana o Las Tunas? ¿Yarima o Francisco? ¿Aquí o allá? Decidir: difícil concepto que en ocasiones complica demasiado nuestros días. Encrucijadas que aparecen y desaparecen. Mapas imprecisos que confunden el camino. Cuestionar, tratar de entender, colmar con palabras las ausencias, acortar las distancias. ¡Decidir! ¿Lo mejor? ¿Lo peor? ¿Quién sabe?

El sendero por delante no deja otra opción. Siempre es necesario decidirse, por algo o por alguien, no importa. No siempre se puede juntar todo y a todos en un mismo “saco”, en un mismo espacio físico. A todos los amigos no les gusta el chocolate ni todos están hoy aquí —de cuerpo presente— aunque a todos los extraño sin tamaño.

Decidirse. ¿Quién dijo que sería fácil? Nadie. Ni siquiera Cecilia que se las ingenió siempre para hacer parecer todo mucho más fácil; para que el más insípido manjar supiera a gloria en la cruda década de los ´90; para llegar a casa con una flor silvestre de regalo y hacerme sentir la niña más dichosa del Universo; para regar magia y luz por todas las esquinas a pesar de las carencias materiales…

¿Mi hermano o yo? ¿El arroz o los frijoles? ¿Mi abuela o mi abuelo? ¿La mochila o los libros? Hay respuestas que se intuyen y preguntas que no se hacen. No. Nunca se ha me ocurrido preguntarle si alguna vez le costó trabajo decidirse.

Decidirse casi siempre entraña riesgos. Decidirse casi siempre es complicado. Pero eso, a estas alturas… ¿quién no lo sabe?

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