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susurro¿Por qué me gritas? Si hablas muy fuerte no te escucho. Y si intentas imponerme por la fuerza tus ideas te escucharé menos. Sería como si alguien cortara el hilo que nos une y de repente se me “apagaran las entendederas”. No es broma. No te rías. Es muy serio. Tampoco es una premonición o un acto de magia. Es una certeza.

Cuando gritas no escucho nada, ni siquiera el eco de la última de tus palabras. Mejor susurra. Es más, te “exijo” que susurres aunque nos separen kilómetros y kilómetros de distancia. O mejor aún: te propongo que susurremos ambos. Tú en tu extremo y yo en el mío. Tú desde tus dígitos y yo desde mis sintagmas.

Prometo susurrar con argumentos, con dulzura, con sencillez… y con mucha, mucha fuerza. No digo más. Creo que no hace falta. Aquí te dejo entonces este eco de susurros como talismán para el nuevo año. Corro ahora a los brazos de mi madre a susurrarle que la quiero, que la quiero sin tamaño.

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