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Tintineos- presentimientoCada mañana de su vida despertaba con el mismo absurdo presentimiento: “hoy es el día de morir”. Y la frase, inconclusa y sin imágenes precisas, se fue apoderando de su existencia cada vez a intervalos más frecuentes. Ocupado como estaba en descubrir cuándo y de qué manera extraña podría morir en las próximas horas, comenzó a olvidar, a olvidar esencias.

Y se descubrió un día sin recordar cómo lucen los colores del arcoiris después de un aguacero, cómo susurra el eco del viento al chocar con las montañas, cómo se escucha el batir de las olas contra el arrecife, cómo se habla sin palabras, se camina sin pies, se mira sin ojos o se besa sin labios.

Olvidó, olvidó demasiado… Y entonces, poco a poco, borró de sus entrañas los colores del Universo, opacó la alegría de sus ojos y se rodeó con demasiados tonos grises que terminaron por asfixiar la sonrisa ingenua y perspicaz con que llegó al mundo aquella tarde azul, hace ya un montón de años.

Y entonces sí, sucedió lo que tanto había presentido: llegó el día de morir y su corazón terminó por convertirse en piedra.

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