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Tintineos-interrogantes“¿Por qué te quedaste?” Pregunta él y su mirada luce demasiado inquisidora, demasiado huraña, como si le hubieran quitado de un tirón todo vestigio de alegría. “Dicen por ahí que tienes miedo, que sorbes nicotina envenenada con nostalgias, que te rasgas la piel para que no te ahogue tanta luz…”, insiste él.

“Eufemismos, puros eufemismos”, lo interrumpe ella. “Meros disfraces para atenuar un poco tanta oscuridad, para jugar a parecer más invencible, para intentar manipular un poco el tiempo…”

“Me quedé y punto. No necesitas saber más. ” Sonríe y mueve su mano izquierda, como sacudiéndose algún cuerpo extraño, alguna idea perturbadora. No, definitivamente a él no le hace falta saberlo. Entonces le nace una pregunta haciéndole cosquillas en la punta de la lengua. Lo piensa dos veces, luego dos más. Teme un poco a su respuesta. Aún así se arriesga:

“¿Y tú, por qué te fuiste?”

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