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absurdos

Cuentan que despertaba ansioso, con un extraño temor carcomiéndole las entrañas, con un mensaje indescifrable haciéndole cosquillas en la punta de sus dedos, queriendo enviar canciones, poemas, buenos augurios, atardeceres, chocolates… Queriendo enviar algo, cualquier cosa, cualquier pedazo de mundo capaz de burlar mares, ventiscas, amaneceres, tempestades.

Era un simple mortal, pero se había enamorado de la Luna. Y esperaba cada noche con ansias, con ansias locas, intentando adivinar mareas, susurros, estaciones. Y cuando aparecía por fin, la miraba entonces como queriendo descubrir todos, toditos sus secretos… pero lo intimidaba el tiempo y jamás intentó intercambiar guiños ni sonrisas, mucho menos palabras.

Siempre tuvo miedo, demasiado miedo a las distancias. Y aprendió a ser feliz con tan solo mirarla.

Es un trastornado, un loco, un irracional, un demente… dirían algunos tiempo después al conocer la historia. Un simple mortal que dejó olvidada la razón en algún sitio, que intercambió las señales y tomó el camino equivocado, que trastocó realidad y fantasía, que murmura y sueña… Pero un simple mortal, resumirían otros, que creyó siempre en el amor… a pesar de tantos imposibles.

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