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burocraciaEn la cara lleva tatuada una sonrisa burlona, espeluznante, cínica. Además están sus ojos, sin brillo, marchitos, apagados. No lleva espejuelos, no los necesita aún, es muy joven. A su diestra se acumula un montón de papeles y a duras penas es posible distinguir su rostro por encima de ellos.

Afuera muchos se exasperan. Otra vez ha vuelto a llegar tarde. Prende el ventilador y mientras se refresca tararea alguna melodía del momento. Dicen que así sucede normalmente, que poco le importa cuántos y desde qué hora esperan fuera.

Dicen también que no importa quién se siente ahí, al final todos terminan comportándose igual, haciendo los mismos gestos, parapetándose tras el mismo buró, tras la misma insensibilidad, tras la misma burocracia.

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