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DependeA veces quiere contar tantas historias a la vez que casi todas quedan inconclusas, con líneas de más o de menos, pero finalmente inconclusas. En ocasiones, incluso, es solamente una palabra la que no cuadra, la que se le antoja sacada de contexto, vacía de significados.

Por eso algunas historias mueren ¿o duermen? Pues no sabe, algunas mueren y otras sueñan… Eso depende. ¿De qué depende?, se pregunta. Pues depende y punto. Depende.

Y recuerda la mariposa atrapada en pleno vuelo, o la piedra estéril, o la ranita verde y espeluznante, o el dragón con rostro de princesa, o la habitación en penumbras, o el ómnibus repleto de sudores y de gente… Recuerda, solo recuerda.

No dice más, no le apetece, no le hace falta. Da vuela a la página y cierra el libro, estira la sábana blanquísima por encima de sus hombros, voltea el rostro, cierra los ojos y entonces, otra vez, descubre que aún sueña.

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