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escribirAlguien pregunta. Y otra vez me quedo sin respuestas. Hay preguntas así, que no siempre tienen una respuesta única, precisa, descifrable. Me gusta escribir y punto. ¿Para qué empeñarme entonces en un por qué, en una causa?

Escribir se ha convertido en una suerte de amuleto para el alma. Miro, busco, pienso, río… incluso lloro. Mientras, la realidad se vuelve a ratos más sencilla a través de los sintagmas ¿o tal vez más complicada? Pues no lo sé. Escribo. Sencillamente escribo. No siempre importa sobre qué, tampoco importa desde cuándo.

Jamás me detengo a pensar en esos términos: no tengo una lista sobre los temas cumbres, sobre personajes idílicos, sobre emociones pronosticadas. Estas ganas infinitas de escribir escapan a una profesión, a un vago concepto sobre estilos y matices.

Escribir casi siempre es solo eso: una forma sensacional de sentirme viva, de volver a las esencias.

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