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Teléfono-TintineosLleva días así: asustada, gris, escurridiza. Queriendo escuchar y no; queriendo gritar y no; queriendo olvidar y no… sencillamente queriendo algo, sin saber qué exactamente. Esperando el más mínimo ronroneo del aparato para saltar sobre él y escuchar, solo escuchar, aunque a veces no atine a murmurar ninguna idea coherente.

¿Diga?

¡¿Hola?! Espera… No cuelgues…Soy yo…

Parpadea. Respira. El zumbido de esa voz… Sí. Lo conoce. ¿Cómo no hacerlo?

Es temprano para llamar… o tal vez no, tal vez demasiado tarde… ¿Qué qui…?

Lo sé. Ha sido demasiado tiempo, demasiadas noches, demasiadas tempestades… tengo demasiadas nostalgias…

Silencio. Es un silencio frío, errabundo. Tiene las manos crispadas alrededor del aparato. Sus nervios no son de acero como él piensa. Un silencio oscuro y espantoso se ha apoderado de ambos lados de la línea.

¿Qué quieres?

Te extraño… solo eso… quería que lo supie…

Pip… pip… pip… pip… Un tono intermitente les martilla en las entrañas. Cuelgan casi al unísono. Silencio. Una vez más el silencio.

Cada uno en su extremo mira el dichoso aparato como queriéndolo exprimir para que otra vez ‘cante’. “Si ronronea otra vez…”, piensan. “Si ronronea…” Pero no lo hace.

Los segundos se vuelven eternos, incontables. El aparato no suena. Ninguno de lo dos llama. Simplemente esperan. Y con esperar, a veces, no basta.

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