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asfixiaNo siente, no escucha, no entiende… Tiene el pecho inflamado de tanto contener la respiración para tomar la bocanada cuando el aire sea realmente propicio, cuando otra vez huela a flor silvestre, a tierra húmeda, a naranjo en flor…

Pero la bocanada insiste en volverse escurridiza, en tentar la soledad, en fustigar una y otra vez la intensidad de sus deseos.

Parpadea entonces buscando al menos luz, intentando alejar la cortina gris que custodia sus imágenes y vuelve más distante aún la bocanada salvadora, el silencio cómplice, la dulce sensación de saberse, otra vez, a salvo de tanta incertidumbre.

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