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Marcelo

Treinta y seis días. Ochocientas sesenta y cuatro horas. Cincuenta y un mil ochocientos cuarenta minutos. Tres millones ciento diez mil cuatrocientos segundos. Angustia, desesperación, miedo…

Felicidad incompleta. Dudas, impotencia, incertidumbre… Paciencia, impaciencia… Dolor, angustias… Ansiedad, esperanza…

Veinticuatro horas. Día y noche. Noche y día. Todos iguales, todos alrededor de ti, del más mínimo jadeo, del destello más pequeño. Temores, zozobra, amor infinito…

Primer abrazo. Temores, otra vez los temores tambaleantes; otra vez la fuerza inexplicable, nacida —por suerte— de algún lugar aún por descubrir de donde brota un manantial, al parecer inagotable.

Benditos ojos. Bendita luz que esparce esa mirada y ha opacado ya tantas dudas, tanta impotencia, tanta desesperación, tantos miedos… Bendito tú… mi Marcelo.

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